A través de los siglos, los astrónomos han buscado nuevos planetas, frecuentemente, sin éxito. ¿Hay un “décimo” planeta en nuestro Sistema Solar esperando ser encontrado, o esta cacería es simplemente una búsqueda inútil? Este es el primero de varios ‘post’ que se publicarán sobre este tema, esperando traer algo de claridad sobre algo tan controvertido. Espero dejen sus comentarios, pues esto siempre enriquecerán lo aquí escrito.

Abriendo paréntesis

El texto “décimo” está entre comillas debido a que antes del 24 de Agosto de 2006, a Plutón aún se le consideraba planeta, pero en el pleno de la XXVI asamblea general de UAI, se decide que el número de planetas de nuestro Sistema Solar no se ampliaría a 12, como se propuso en la reunión que mantuvieron en Praga, sino que debe reducirse a 8, siendo el “perjudicado” con esta decisión Plutón, quien tras ser conocido como planeta durante decenios, deberá “conformarse” con su nueva denominación de planeta enano, sin embargo, en este post, seguiré utilizando la vieja denominación, para facilidad de la mayoría de los lectores  (debido a que en algunas conversaciones, he notado que no todas las personas están al día en esta nueva categoría).

Cerrando paréntesis

Ha habido un gran número de objetos que una vez los astrónomos creyeron que existieron, los cuales posteriormente, ‘desaparecieron’ sin dejar rastro. He aquí sus historias.

Los primeros acercamientos

El 22 de Diciembre de 1859, Urbain Le Verrier, del Observatorio de París, abrió una carta enviada por un hombre llamado Lescarbault. En cuanto la leyó, sintió que una corriente de excitación lo cubría. Lescarbault era un médico rural y un astrónomo amateur. De acuerdo a la letra, en Marzo 26 de ese año, Lescarbaut observó una mancha oscura negra moviéndose a través de la faz solar en un camino inclinado hacia ‘arriba’ por una hora y cuarto.

Le Verrier colocó la carta boca abajo. Si lo que el médico decía era cierto, esto podría probar una de las predicciones de Le Verrier: había un planeta desconocido en el Sistema Solar. Un planeta que orbitaba entre Mercurio y el Sol, el cual era entonces el planeta conocido más cercano a dicha estrella.

Esta no fue la primera vez que Le Verrier predijo la existencia de un planeta desconocido. En 1781, el astrónomo germano-británico William Heschel observó una ‘estrella’ que se movía de noche a noche. El de inmediato pensó que era un nuevo planeta, el primero descubierto desde la antigüedad. El planeta, localizado más allá de la órbita de Saturno, le fue otorgado el nombre de Urano. En 1846, Le Verrier observó algunas irregularidades en su movimiento y predijo que debería haber otro planeta más allá causando dicho trastorno. Le Verrier fue capaz de predecir la localización de ese planeta y fue observado en el espacio por los astrónomos alemanes Johann Galle y Heinrich d’Arrest.

Le Verrier no quiso evitar la publicidad, sugirió que Urano fuera renombrado a Heschel, quien lo encontró, y que el nuevo planeta se llamase como el. Para su infortunio, un matemático británico llamado John Couch Adams había predicho la localización de ese planeta, casi un año antes que Le Verrier. Los dos hombres concluyeron en compartir el crédito (Adams podría haberlo tenido en su totalidad, excepto que no pudo convencer a ningún astrónomo británico de tomarse el tiempo para girar sus telescopios para buscarlo). En su lugar, el planeta terminó llamándose como el Dios Romano, Neptuno.

 

Vulcano, el planeta entre Mercurio y el Sol (1859-1916, 1971)

Le Verrier notó que el planeta Mercurio también presentaba irregularidades en su órbita. Esto le llevó a pensar que podría existir un pequeño planeta más cercano al Sol que Mercurio. La observación de Lescarbault podría ser la prueba de esta predicción.

Después de encontrar un colega que viajara con el como testigo, Le Verrier se dirigió de inmediato a la villa de Orgeres donde Lescarbault residía. Sin identificarse, Le Verrier increpó rudamente al médico, demandando saber como había llegado a la absurda conclusión de que había observado un “Planeta Intra-Mercurial”. Lescarbaut contó la misma historia que le había escrito. Le Verrier, ahora convencido, le revelo quien era y felicitó al de alguna manera desconcertado médico. De regreso a París, Le Verrier vio que al médico se le concediera la Legión de Honor.

El mundo astronómico se ‘saturó’ de inmediato con discusiones acerca del nuevo planeta de Le Verrier. El calculó que el tamaño del planeta sería de un séptimo que el de Mercurio. El creía que el nuevo planeta transitaría frente al Sol (perspectiva desde la Tierra, claro está) entre Abril y Octubre. Le Verrier consideró evitar la controversia que tuvo con Neptuno, sugiriendo que el nuevo planeta debería llamarse Vulcano.

Los astrónomos de todo el mundo comenzaron la búsqueda de Vulcano en el periodo en que este sería visible, de acuerdo a los cálculos de Le Verrier. Quedaron decepcionados. Con la excepción de algunas observaciones erróneas (las cuales eran usualmente manchas solares), Vulcano nunca fue observado. Hacia finales del siglo XIX, los astrónomos más racionales ya no creían en la existencia de este planeta, y a principios del siglo XX, la Teoría General de la Relatividad de Einstein explicó como la curvatura del Espacio-Tiempo podría causar la irregularidad de la órbita de Mercurio. Con esto, el planeta Vulcano de Le Verrier finalmente, desapareció.

Vulcano fue brevemente ‘revivido’ entre 1970 y 1971, cuando unos investigadores pensaron que habían detectado unos objetos casi imperceptibles cerca del Sol durante un eclipse solar total. Esos objetos podrían haber sido tenues cometas, que pasaron lo suficientemente cerca del Sol como para colisionar con el.

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