Este tópico será muy extenso, ya que hablaremos de diferentes hipótesis, las cuales veremos más a detalle en entradas posteriores. Primero, ampliaré un poco la información que vimos en “Planetas hipotéticos en nuestro Sistema Solar”. En 1841, John Couch Adams inició una investigación acerca de las perturbaciones en el movimiento de Urano. En 1845, Urbain Le Verrier, comenzó a investigarlos también. Adams presentó dos soluciones diferentes al problema, asumiendo que las desviaciones fueron causadas por la gravedad de un planeta desconocido. Adams trató de presentar sus soluciones al observatorio de Greenwich, pero debido a su juventud, no fue tomado en serio. Urbain Le Verrier presentó la suya en 1846, pero Francia carecía de los recursos necesarios para localizar el planeta. Le Verrier entonces se dirigió al observatorio de Berlín, donde Galle y su asistente d’Arrest encontraron Neptuno, en el anochecer del 23 de Septiembre de 1846. En la actualidad, tanto Adams como Le Verrier comparten el mérito de la predicción de la existencia y posición de Neptuno.

Inspirado por este éxito, Le Verrier atacó el problema de las desviaciones de la órbita de Neptuno y sugirió la existencia de un planeta intra-mercurial, Vulcano (Ver “Planetas hipotéticos en nuestro Sistema Solar”).

El 30 de Septiembre de 1846, una semana después del descubrimiento de Neptuno, Le Verrier declaró que podría existir un planeta desconocido más allá. El 10 de Octubre del mismo año, se descubrió Tritón, el mayor satélite de Neptuno, el cual proporcionó una manera más fácil de determinar la masa de Neptuno, que resultó ser un 2% mayor de lo esperado, basándose en las perturbaciones a la órbita de Urano. Parecía como si las desviaciones en el movimiento de Urano en realidad eran causados por dos ‘planetas’, además de que la órbita real de Neptuno resultó ser significativamente diferente de la predicha por Adams y Le Verrier.

Poco después del descubrimiento de Neptuno, los astrónomos comenzaron a conjeturar sobre la existencia de un planeta más allá de su órbita. No se consideraba que Neptuno explicara los disturbios en la órbita de Urano, además que la órbita de Neptuno, también se mostraba irregular. Un gran número de astrónomos y matemáticos trataron de predecir la localización de este planeta y encontrarlo, pero no tuvieron éxito.

El primer intento serio de encontrar un planeta trans-Neptuniano se realizó en 1877, por David Todd. El utilizó un “método gráfico” y a pesar de la “inconclusividad” de las alteraciones de la órbita Urano, el ‘obtuvo datos’ del planeta: distancia media 52 ua, ciclo solar de 375 años, su magnitud era de 13, diámetro de 1877.74 (en ningún texto encontré las unidades, desconozco si la estimación era en millas o kilómetros), la inclinación de su eje era de 1.40 grados y la longitud del nodo ascendente 103 grados.

Quizá el más persistente de ellos fue un hombre llamado Percival Lowell. El nació en el seno de una familia acaudalada en Boston, en 1855. El construyó su fortuna personal y tomó interés en la astronomía, después de leer el libro “La Planète Mars” de Camille Flammarion en 1893. Marte estaría en oposición (su aproximación más cercana) a la Tierra en 1894 y Lowell decidió financiar una expedición a Arizona, con el propósito de observar con mayor claridad, el cielo oscuro occidental. Lowell patrocinó la construcción de un observatorio privado cerca de Flagstaff, Arizona.

Fue un hombre brillante, pero con frecuencia, la imaginación lo rebasaba. En 1877, el astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli descubrió que una serie de “canales” cruzaban la superficie de Marte. Esto se malinterpretó con la sugerencia de una construcción y diseño inteligentes. Baso en esta teoría, Lowell mencionó que estaba observando cambios en la superficie de Marte, que podrían verse relacionados con los cambios de estaciones y quizás con granjas. En sus propias palabras: 

“La especulación ha sido fructífera acerca de lo que significan esas marcas en nuestro vecino más cercano. Cada astrónomo tiene una teoría particular al respecto. No obstante, la explicación más evidente es probablemente la más cierta, a saber, es que estamos observando el resultado del trabajo que algún tipo de inteligencia realizo…”

 Observaciones posteriores, realizadas por otros, revelaron que no hoy canales en Marte, y también sabemos que carece de vida inteligente. No ha quedado claro que fue exactamente lo que Lowell, Schiaparelli y otros observaron, pero lo más probable es que fueran ilusiones ópticas introducidas por sus telescopios.

 Además de su interés en Marte, Lowell estaba determinado a descubrir el hipotético planeta más allá de Neptuno al cual se acuñó el término “Planeta X” para descubrir a su “presa”. El dirigió dos búsquedas por el planeta, una finalizó en 1909 y la otra en 1915, sin éxito alguno. El falleció en 1916 y su falla en encontrar el Planeta X fue su mayor decepción. En 1929, el astrónomo aficionado, Clyde Tombaugh de Kansas, fue contratado por el Observatorio Lowell para continuar con la búsqueda.

Alrededor de un año después., examinó unas fotografías que había tomado unos días antes, en Enero de 1931. Cuando las comparó, en el mismo sector del espacio, observó que una de las “estrellas” se había movido. Dado que las estrellas no presentan un movimiento relativo al resto de las demás, en el “cielo”, el objeto en realidad debería ser un asteroide, un cometa o un nuevo planeta. Las siguientes observaciones confirmaron que el objeto parecía ser un planeta más allá de Neptuno. Fue nombrado como Plutón. El Planeta X de Lowell había sido encontrado ¿O no?

Las predicciones habían sido realizadas para explicar los disturbios de en las órbitas de Neptuno y Urano, por lo tanto, el Planeta X debería tener una masa equivalente a seis veces la de la Tierra. Las observaciones actuales muestran que Plutón (incluyendo su pequeño satélite, Caronte), tiene solo 1/400 de la masa de nuestro planeta. Como se explica en el paréntesis del primer capítulo del “Planetas hipotéticos en nuestro Sistema Solar”, Plutón ya no tiene el status de planeta.

Tombaugh continuó en la búsqueda de otro Planeta X por 13 años, sin fortuna, y decidió que no había un décimo planeta. “He observado el 70% del cielo y lo hubiera encontrado si existiera”, fue su conclusión.

Algunos científicos están de acuerdo, argumentando que las irregularidades percibidas en las órbitas de Urano y Neptuno son el resultado de errores de observación realizados por astrónomos de primera época, que no tenían acceso a cámaras y tuvieron que realizar bosquejos manuales de la posición de los planetas.

Otros no están tan seguros, muchos astrónomos coinciden en que está una posibilidad latente de que existan varios cuerpos celestes, similares a Plutón moviéndose en órbitas más allá de Neptuno (Se les denomina trans-neptunianos). Pocos piensan que un planeta con dimensiones similares a las de la Tierra, o más grande, permaneciera oculto. Los que sostienen la creencia de la existencia de ese planeta, creen que este sigue una órbita muy elíptica que va más allá de Plutón, o que está localizado actualmente en una porción muy densa de la Vía Láctea, viendo hacia el sur, donde es muy difícil de localizar. Dada la gran cantidad de estos, se publicarán diversas entradas.

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