La ciencia es una particular forma de conocimiento acerca del mundo. En la ciencia, las explicaciones están limitadas a lo obtenido en observaciones y experimentos que puedan reproducirse por otros científicos. Las explicaciones que se basan solo en ‘lo que se quiere creer’ no son parte de la ciencia.

En la búsqueda por el entendimiento, la ciencia involucra una gran cantidad de información meticulosa que a la larga produce una descripción detallada por escrito de la naturaleza. Los científicos comunican sus resultados y conclusiones a otros científicos y al público en general a través de publicaciones, conferencias, charlas de pasillo, blogs y otros medios. Otros científicos entonces, prueban esas teorías y construyen sobre el trabajo preexistente. De esta manera, la precisión y la sofisticación de las descripciones de la naturaleza, tienden a aumentar con el tiempo, así las subsecuentes generaciones de científicos corrigen y extienden la labor realizada por sus predecesores.

Los avances en la ciencia consisten en el desarrollo de mejores explicaciones para las causas de los fenómenos naturales. Los científicos nunca podemos estar seguros de que las explicaciones otorgadas son completas y definitivas. Algunas de las hipótesis resultan ser incorrectas en los experimentos posteriores. Sin embargo, muchas explicaciones han sido comprobadas exitosamente y se llevan a cabo con un alto grado de confianza.

La teoría de la evolución es una de esas bien establecidas explicaciones. Una enorme cantidad de investigación científica desde el siglo XIX ha convertido a las primeras ideas acerca de la evolución propuesta por Darwin y otros, en una teoría sólida y bien apoyada. En la actualidad, la evolución es un campo muy activo de investigación, con una abundancia de nuevos descubrimientos que están aumentando de forma continua nuestra comprensión de cómo es que la evolución sucede.

A partir de hoy, en El Cerebro de Broca estaremos hablando sobre estos tópicos en particular. ¿De qué manera? Bueno, consideraremos la ciencia que apoya la teoría de la evolución, enfocándonos en tres categorías de evidencia científica:

  • La evidencia de los orígenes del Universo, la Tierra y la vida.
  • La evidencia de la evolución biológica, incluyendo los resultados de la paleontología, anatomía comparada, biogeografía, embriología y la biología molecular.
  • La evidencia de la evolución humana.

Al final de cada una de estas ‘secciones’ las posiciones defendidas por los ‘abogados’ de la ‘Ciencia de la creación’ serán presentadas y analizadas también.

La teoría de la evolución se ha convertido en el concepto central unificador de la biología y es un componente crítico de varias disciplinas relacionadas. Por el contrario, lo que afirma la ‘Ciencia de la creación’ carece de soporte y no puede ser comprobado de manera significativa. Estas observaciones llevan a dos conclusiones fundamentales: a) La enseñanza de la evolución debe ser una parte integral de la enseñanza de las ciencias; b) La ‘Ciencia de la creación’ no es, de hecho, una ciencia y no puede presentarse como tal, y mucho menos en las clases de ciencias.

“Cuando la ciencia estaba en la infancia, la religión trató de estrangularla en la cuna” – Robert G. Ingersoll, Freethought Magazine, Septiembre de 1986

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