Nibiru

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Nibiru - Expresión Artística

El Sistema Solar aún puede contener planetas menores que aún no han sido descubiertos. Aún desde que la búsqueda por el Planeta X inició a inicios del Siglo XX, la posibilidad de un planeta hipotético orbitando el Sol más allá del Cinturón de Kuiper se ha saturado de teorías y especulaciones acerca de que podríamos ser parte de un sistema binario. ¿Pero por qué tanto temor acerca de una combinación de Planeta X / ‘Día del Juicio’ ? ¿El real problema no es que el Planeta X es un desconocido, objeto hipotético y nada siniestro?

Como se vio previamente en “Planeta X” en este mismo blog, aquellos que gustan de andar predicando sobre el fin del mundo, han ligado esa fecha a esta era con la búsqueda por el Planeta X, así como la supuesta profecía Maya del 2012 (Ver “2012 Reloaded“, en los foros de la ReduxNet) y el mito Sumerio sobre el mítico planeta Nibiru, culminando en malas noticias para el 21 de Diciembre del 2012. Sin embargo, la evidencia astronómica para esto es seriamente defectuosa.

Hace poco más de dos años (El 18 de Junio de 2008), investigadores japoneses anunciaron que su búsqueda teórica por una gran más en el Sistema Solar Exterior había arrojado resultados. Según sus cálculos, debería ser un planeta, posiblemente más grande que un Plutoide pero ciertamente más pequeño que la Tierra, orbitando alrededor de 100 UA del Sol. Pero antes de que se emocionen, este no es Nibiru, esto no es una prueba de que el fin del mundo será en el 2012, es solo un nuevo y muy excitante desarrollo en la búsqueda de planetas menores más allá del Cinturón de Kuiper.

En esta nueva simulación teórica, los dos investigadores dedujeron que en la búsqueda en el extremo del Sistema Solar se puede encontrar un planeta sin descubrir. Patryk Lykawka y Tadashi Mukai de la Kobe University publicaron esto en el Astrophysical Journal detallando un planeta menor que creen podría estar interactuando con el misterioso Cinturón de Kuiper.

Más información: Large ‘Planet X’ May Lurk Beyond Pluto

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Textos antiguos no hablan acerca de un “Décimo Planeta”

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Sello Berlín, el cual no muestra ningún Planeta X

Zecharia Sitchin basa por entero su teoría de la existencia de un décimo planeta en textos antiguos, incluyendo escritos sumerios y bíblicos. Sin embargo, él está malinterpretando a los sumerios, algunas veces, en extremo. Su descubrimiento clave está basado en un sello que muestra un diagrama que parece mostrar el Sistema Solar, con el Sol en el centro. En este, pareciera que hay trece cuerpos alrededor de él. Dado que los sumerios contaban al Sol y a la Luna como planetas, Sitchin afirma que el cuerpo extra debe ser un planeta desconocido. También afirma que en dicho planeta habitaban aliens que se comunicaban con los antiguos sumerios.

Pero hay al menos dos problemas mayores con esto, o bueno, tres, si contamos el tener visitantes aliens como un problema (y ciertamente, lo es). Pero ignorando eso, aún hay dos grandes problemas con los que Sitchin declara que la imagen muestra a Urano, Neptuno y Plutón. Los sumerios no tenían telescopios, por lo tanto solo sabrían de su existencia si los aliens se los hubieran mencionado. Pero, si los aliens les hablaron acerca de esos planetas ¿por qué no les hicieron mención de los satélites de Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno? ¿O los anillos de Saturno? El sello Berlín no muestra ninguna de esas características. Y los sumerios pensaban que el Sol y la Luna eran planetas, cuando realmente no lo son. Cierto es que los aliens ¡Deberían saber que el Sol y la Luna no son planetas! Sitchin esta solo escogiendo cosas en la imagen que den soporte a su argumento e ignora aquellas que no. Esto no es ciencia, es fantasía, está totalmente errado.

Utu - Dios del Sol y la Justicia para la Cultura Sumeria

Peor aún, su interpretación de la imagen es errónea. Los sumerios tenían un símbolo inequívoco para el Sol (el cual se puede observar en la imagen a la izquierda). Este no es el símbolo en el sello. El símbolo utilizado en la imagen, podría interpretarse como una estrella brillante, pero definitivamente, no es nuestro Sol, así que hasta la premisa básica de Sitchin está equivocada.

A manera de conclusión

Las ideas de Sitchin están equivocadas, y no hay razón alguna para introducir la idea de que un décimo planeta pasa por la Tierra, ni nada por el estilo, si, es fiel defensor de Nibiru (Próximamente, un post sobre este tema).

Némesis (La supuesta compañera del Sol) 1983 – A la Fecha.

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¿Existe la posibilidad de que un planeta similar a Júpiter o algo más grande orbite nuestro Sol a una distancia cientos de veces la de Plutón?

Algunos científicos han notado que cada 26 – 34 millones de años (las cifras varían de acuerdo al grupo investigador) hay una extinción masiva de la vida terrestre. En 1984, Daniel P. Whitmire y John J. Matese, de la University of Southern Louisiana, desarrollaron una teoría que decía, que esto era causado por una estrella compañera del Sol, de poca masa, la cual denominaron Némesis (Como el Dios griego de la venganza). De acuerdo a esta teoría, Némesis, siguiendo una órbita elíptica cruza a través de un cinturón de miles de millones de cometas, denominado Nube de Oort cada 26 – 34 millones de años, enviando ‘enjambres’ de ellos en dirección al Sol. Algunos golpearían a la Tierra, causando las extinciones.

Cuando examinamos el registro geológico de la Tierra, parece que en el ciclo mencionado, sucede una extinción masiva de la vida terrestre. La más conocida, es la de los dinosaurios, hace 65 millones de años. De acuerdo a estas hipótesis, estaríamos cerca de la siguiente extinción.

No sería extraño que nuestro Sol fuese parte de un sistema binario, muchas estrellas lo son. Sin embargo, la existencia de esta estrella no sería tan obvia para nosotros dado que su luz, podría atenuarse debido al tipo de estrella (ya sea una enana roja o café). De acuerdo a esta teoría, podría estar a una gran distancia, quizás a 3 años-luz. Claro que un hecho incómodo en la hipótesis de Némesis, es que no hay ninguna evidencia de que el Sol tenga una compañera. Cierto es que no necesitaría ser muy brillante o masiva, podría ser más pequeña, aún más, podría ser una enana café o negra (un cuerpo celeste similar a un planeta, con la masa insuficiente para iniciar el proceso de ignición de hidrógeno, como lo hacen las demás estrellas). Existe la posibilidad de que esta estrella exista en uno de los catálogos de estrellas tenues sin que alguien haya notado algo peculiar, como el enorme movimiento aparente de esta estrella comparado con el “tapiz” formado por las estrellas más distantes (p.e. Su Paralaje). Si acaso fuese encontrada, pocos podríamos seguir dudando de que esta sea la causa primaria de las extinciones masivas en nuestro planeta.

Pero es también una noción de poder mítico. Si un antropólogo de una generación previa, hubiese escuchado una historia similar, acerca de sus informantes, el resultado académico (sin duda), hubiera sido detallado de la siguiente manera (en términos primitivos o pre-científicos), consideren esta historia:

“Hay otro Sol en el cielo, un Sol Demonio que no podemos ver. Hace mucho tiempo, antes de nuestros grandiosos antepasados, el Sol Demonio atacó a nuestro Sol. Cayeron cometas y un terrible invierno cubrió la Tierra. Casi todo vestigio de vida fue eliminado. El Sol Demonio ya había atacado muchas veces antes… y lo hará otra vez”.

Esta es la razón por la que muchos pensamos que esta Némesis es una broma la primera vez que escuchamos de ello. Una estrella invisible atacando a nuestro planeta con cometas suena a ilusión o mito. Esto merece una porción extra de escepticismo por esta razón: Siempre estamos en peligro de engañarnos nosotros mismos. Pero aún si la teoría es especulativa, es seria y respetable, por la idea principal es fácil de evaluar: encuentra la estrella y examina sus propiedades. Sin embargo, desde el reconocimiento estelar en el espectro infrarrojo realizado por el IRAS, sin hallazgo de alguna estrella con estas características, la existencia de Némesis es altamente improbable.

Otra posibilidad sugerida por Whitmire es que Némesis podría no ser una estrella después de todo, sino un planeta (otro Planeta X, para no variar). Si este fuera el caso, debería de tener un tamaño de dos a cinco masas solares y su órbita alrededor del Sol sería de tres veces la de Plutón. En esta versión, el planeta en cuestión pasaría a través del Cinturón de Kuiper cada 26 – 34 millones de años, enviando ‘proyectiles’ a la Tierra.

La teoría más reciente sobre esta catástrofe cíclica, ha sido expuesta por Adrian L. Melott del departamento de Física y Astronomía de la Universidad de Kansas y Richard K. Bambach del departamento de Paleobiología del Museo Nacional de Historia Smithsoniano. En esta publicación, descartan la existencia de Némesis, pues argumentan que, la precisión y regularidad de las extinciones masivas demuestra precisamente que Némesis no existe. Según ellos, la órbita de Némesis debería haberse visto influenciada por los numerosos encuentros que el Sol ha tenido con otras estrellas en los últimos 500 millones de años. De acuerdo con su investigación publicada en la revista arXiv  (Edición de la Universidad de Cornell) el objeto que se acerca a la Tierra y provoca una lluvia de meteoritos mortales debe estar más cerca de lo pensado, pero descartan la existencia de la Némesis.

Mientras algunos astrónomos continúan en la búsqueda de Némesis o de un nuevo Planeta X, la mayoría son escépticos respecto a su existencia, apuntando que el supuesto ciclo de extinción de 26 – 34 millones de años no es tan regular como se cree (y más si consideramos que dependiendo el autor, el ciclo varía 8 millones de años).

Planeta X (1841 – 1922)

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Este tópico será muy extenso, ya que hablaremos de diferentes hipótesis, las cuales veremos más a detalle en entradas posteriores. Primero, ampliaré un poco la información que vimos en “Planetas hipotéticos en nuestro Sistema Solar”. En 1841, John Couch Adams inició una investigación acerca de las perturbaciones en el movimiento de Urano. En 1845, Urbain Le Verrier, comenzó a investigarlos también. Adams presentó dos soluciones diferentes al problema, asumiendo que las desviaciones fueron causadas por la gravedad de un planeta desconocido. Adams trató de presentar sus soluciones al observatorio de Greenwich, pero debido a su juventud, no fue tomado en serio. Urbain Le Verrier presentó la suya en 1846, pero Francia carecía de los recursos necesarios para localizar el planeta. Le Verrier entonces se dirigió al observatorio de Berlín, donde Galle y su asistente d’Arrest encontraron Neptuno, en el anochecer del 23 de Septiembre de 1846. En la actualidad, tanto Adams como Le Verrier comparten el mérito de la predicción de la existencia y posición de Neptuno.

Inspirado por este éxito, Le Verrier atacó el problema de las desviaciones de la órbita de Neptuno y sugirió la existencia de un planeta intra-mercurial, Vulcano (Ver “Planetas hipotéticos en nuestro Sistema Solar”).

El 30 de Septiembre de 1846, una semana después del descubrimiento de Neptuno, Le Verrier declaró que podría existir un planeta desconocido más allá. El 10 de Octubre del mismo año, se descubrió Tritón, el mayor satélite de Neptuno, el cual proporcionó una manera más fácil de determinar la masa de Neptuno, que resultó ser un 2% mayor de lo esperado, basándose en las perturbaciones a la órbita de Urano. Parecía como si las desviaciones en el movimiento de Urano en realidad eran causados por dos ‘planetas’, además de que la órbita real de Neptuno resultó ser significativamente diferente de la predicha por Adams y Le Verrier.

Poco después del descubrimiento de Neptuno, los astrónomos comenzaron a conjeturar sobre la existencia de un planeta más allá de su órbita. No se consideraba que Neptuno explicara los disturbios en la órbita de Urano, además que la órbita de Neptuno, también se mostraba irregular. Un gran número de astrónomos y matemáticos trataron de predecir la localización de este planeta y encontrarlo, pero no tuvieron éxito.

El primer intento serio de encontrar un planeta trans-Neptuniano se realizó en 1877, por David Todd. El utilizó un “método gráfico” y a pesar de la “inconclusividad” de las alteraciones de la órbita Urano, el ‘obtuvo datos’ del planeta: distancia media 52 ua, ciclo solar de 375 años, su magnitud era de 13, diámetro de 1877.74 (en ningún texto encontré las unidades, desconozco si la estimación era en millas o kilómetros), la inclinación de su eje era de 1.40 grados y la longitud del nodo ascendente 103 grados.

Quizá el más persistente de ellos fue un hombre llamado Percival Lowell. El nació en el seno de una familia acaudalada en Boston, en 1855. El construyó su fortuna personal y tomó interés en la astronomía, después de leer el libro “La Planète Mars” de Camille Flammarion en 1893. Marte estaría en oposición (su aproximación más cercana) a la Tierra en 1894 y Lowell decidió financiar una expedición a Arizona, con el propósito de observar con mayor claridad, el cielo oscuro occidental. Lowell patrocinó la construcción de un observatorio privado cerca de Flagstaff, Arizona.

Fue un hombre brillante, pero con frecuencia, la imaginación lo rebasaba. En 1877, el astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli descubrió que una serie de “canales” cruzaban la superficie de Marte. Esto se malinterpretó con la sugerencia de una construcción y diseño inteligentes. Baso en esta teoría, Lowell mencionó que estaba observando cambios en la superficie de Marte, que podrían verse relacionados con los cambios de estaciones y quizás con granjas. En sus propias palabras: 

“La especulación ha sido fructífera acerca de lo que significan esas marcas en nuestro vecino más cercano. Cada astrónomo tiene una teoría particular al respecto. No obstante, la explicación más evidente es probablemente la más cierta, a saber, es que estamos observando el resultado del trabajo que algún tipo de inteligencia realizo…”

 Observaciones posteriores, realizadas por otros, revelaron que no hoy canales en Marte, y también sabemos que carece de vida inteligente. No ha quedado claro que fue exactamente lo que Lowell, Schiaparelli y otros observaron, pero lo más probable es que fueran ilusiones ópticas introducidas por sus telescopios.

 Además de su interés en Marte, Lowell estaba determinado a descubrir el hipotético planeta más allá de Neptuno al cual se acuñó el término “Planeta X” para descubrir a su “presa”. El dirigió dos búsquedas por el planeta, una finalizó en 1909 y la otra en 1915, sin éxito alguno. El falleció en 1916 y su falla en encontrar el Planeta X fue su mayor decepción. En 1929, el astrónomo aficionado, Clyde Tombaugh de Kansas, fue contratado por el Observatorio Lowell para continuar con la búsqueda.

Alrededor de un año después., examinó unas fotografías que había tomado unos días antes, en Enero de 1931. Cuando las comparó, en el mismo sector del espacio, observó que una de las “estrellas” se había movido. Dado que las estrellas no presentan un movimiento relativo al resto de las demás, en el “cielo”, el objeto en realidad debería ser un asteroide, un cometa o un nuevo planeta. Las siguientes observaciones confirmaron que el objeto parecía ser un planeta más allá de Neptuno. Fue nombrado como Plutón. El Planeta X de Lowell había sido encontrado ¿O no?

Las predicciones habían sido realizadas para explicar los disturbios de en las órbitas de Neptuno y Urano, por lo tanto, el Planeta X debería tener una masa equivalente a seis veces la de la Tierra. Las observaciones actuales muestran que Plutón (incluyendo su pequeño satélite, Caronte), tiene solo 1/400 de la masa de nuestro planeta. Como se explica en el paréntesis del primer capítulo del “Planetas hipotéticos en nuestro Sistema Solar”, Plutón ya no tiene el status de planeta.

Tombaugh continuó en la búsqueda de otro Planeta X por 13 años, sin fortuna, y decidió que no había un décimo planeta. “He observado el 70% del cielo y lo hubiera encontrado si existiera”, fue su conclusión.

Algunos científicos están de acuerdo, argumentando que las irregularidades percibidas en las órbitas de Urano y Neptuno son el resultado de errores de observación realizados por astrónomos de primera época, que no tenían acceso a cámaras y tuvieron que realizar bosquejos manuales de la posición de los planetas.

Otros no están tan seguros, muchos astrónomos coinciden en que está una posibilidad latente de que existan varios cuerpos celestes, similares a Plutón moviéndose en órbitas más allá de Neptuno (Se les denomina trans-neptunianos). Pocos piensan que un planeta con dimensiones similares a las de la Tierra, o más grande, permaneciera oculto. Los que sostienen la creencia de la existencia de ese planeta, creen que este sigue una órbita muy elíptica que va más allá de Plutón, o que está localizado actualmente en una porción muy densa de la Vía Láctea, viendo hacia el sur, donde es muy difícil de localizar. Dada la gran cantidad de estos, se publicarán diversas entradas.

Planetas hipotéticos en nuestro Sistema Solar

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A través de los siglos, los astrónomos han buscado nuevos planetas, frecuentemente, sin éxito. ¿Hay un “décimo” planeta en nuestro Sistema Solar esperando ser encontrado, o esta cacería es simplemente una búsqueda inútil? Este es el primero de varios ‘post’ que se publicarán sobre este tema, esperando traer algo de claridad sobre algo tan controvertido. Espero dejen sus comentarios, pues esto siempre enriquecerán lo aquí escrito.

Abriendo paréntesis

El texto “décimo” está entre comillas debido a que antes del 24 de Agosto de 2006, a Plutón aún se le consideraba planeta, pero en el pleno de la XXVI asamblea general de UAI, se decide que el número de planetas de nuestro Sistema Solar no se ampliaría a 12, como se propuso en la reunión que mantuvieron en Praga, sino que debe reducirse a 8, siendo el “perjudicado” con esta decisión Plutón, quien tras ser conocido como planeta durante decenios, deberá “conformarse” con su nueva denominación de planeta enano, sin embargo, en este post, seguiré utilizando la vieja denominación, para facilidad de la mayoría de los lectores  (debido a que en algunas conversaciones, he notado que no todas las personas están al día en esta nueva categoría).

Cerrando paréntesis

Ha habido un gran número de objetos que una vez los astrónomos creyeron que existieron, los cuales posteriormente, ‘desaparecieron’ sin dejar rastro. He aquí sus historias.

Los primeros acercamientos

El 22 de Diciembre de 1859, Urbain Le Verrier, del Observatorio de París, abrió una carta enviada por un hombre llamado Lescarbault. En cuanto la leyó, sintió que una corriente de excitación lo cubría. Lescarbault era un médico rural y un astrónomo amateur. De acuerdo a la letra, en Marzo 26 de ese año, Lescarbaut observó una mancha oscura negra moviéndose a través de la faz solar en un camino inclinado hacia ‘arriba’ por una hora y cuarto.

Le Verrier colocó la carta boca abajo. Si lo que el médico decía era cierto, esto podría probar una de las predicciones de Le Verrier: había un planeta desconocido en el Sistema Solar. Un planeta que orbitaba entre Mercurio y el Sol, el cual era entonces el planeta conocido más cercano a dicha estrella.

Esta no fue la primera vez que Le Verrier predijo la existencia de un planeta desconocido. En 1781, el astrónomo germano-británico William Heschel observó una ‘estrella’ que se movía de noche a noche. El de inmediato pensó que era un nuevo planeta, el primero descubierto desde la antigüedad. El planeta, localizado más allá de la órbita de Saturno, le fue otorgado el nombre de Urano. En 1846, Le Verrier observó algunas irregularidades en su movimiento y predijo que debería haber otro planeta más allá causando dicho trastorno. Le Verrier fue capaz de predecir la localización de ese planeta y fue observado en el espacio por los astrónomos alemanes Johann Galle y Heinrich d’Arrest.

Le Verrier no quiso evitar la publicidad, sugirió que Urano fuera renombrado a Heschel, quien lo encontró, y que el nuevo planeta se llamase como el. Para su infortunio, un matemático británico llamado John Couch Adams había predicho la localización de ese planeta, casi un año antes que Le Verrier. Los dos hombres concluyeron en compartir el crédito (Adams podría haberlo tenido en su totalidad, excepto que no pudo convencer a ningún astrónomo británico de tomarse el tiempo para girar sus telescopios para buscarlo). En su lugar, el planeta terminó llamándose como el Dios Romano, Neptuno.

 

Vulcano, el planeta entre Mercurio y el Sol (1859-1916, 1971)

Le Verrier notó que el planeta Mercurio también presentaba irregularidades en su órbita. Esto le llevó a pensar que podría existir un pequeño planeta más cercano al Sol que Mercurio. La observación de Lescarbault podría ser la prueba de esta predicción.

Después de encontrar un colega que viajara con el como testigo, Le Verrier se dirigió de inmediato a la villa de Orgeres donde Lescarbault residía. Sin identificarse, Le Verrier increpó rudamente al médico, demandando saber como había llegado a la absurda conclusión de que había observado un “Planeta Intra-Mercurial”. Lescarbaut contó la misma historia que le había escrito. Le Verrier, ahora convencido, le revelo quien era y felicitó al de alguna manera desconcertado médico. De regreso a París, Le Verrier vio que al médico se le concediera la Legión de Honor.

El mundo astronómico se ‘saturó’ de inmediato con discusiones acerca del nuevo planeta de Le Verrier. El calculó que el tamaño del planeta sería de un séptimo que el de Mercurio. El creía que el nuevo planeta transitaría frente al Sol (perspectiva desde la Tierra, claro está) entre Abril y Octubre. Le Verrier consideró evitar la controversia que tuvo con Neptuno, sugiriendo que el nuevo planeta debería llamarse Vulcano.

Los astrónomos de todo el mundo comenzaron la búsqueda de Vulcano en el periodo en que este sería visible, de acuerdo a los cálculos de Le Verrier. Quedaron decepcionados. Con la excepción de algunas observaciones erróneas (las cuales eran usualmente manchas solares), Vulcano nunca fue observado. Hacia finales del siglo XIX, los astrónomos más racionales ya no creían en la existencia de este planeta, y a principios del siglo XX, la Teoría General de la Relatividad de Einstein explicó como la curvatura del Espacio-Tiempo podría causar la irregularidad de la órbita de Mercurio. Con esto, el planeta Vulcano de Le Verrier finalmente, desapareció.

Vulcano fue brevemente ‘revivido’ entre 1970 y 1971, cuando unos investigadores pensaron que habían detectado unos objetos casi imperceptibles cerca del Sol durante un eclipse solar total. Esos objetos podrían haber sido tenues cometas, que pasaron lo suficientemente cerca del Sol como para colisionar con el.